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Capítulo 9: Pastor, el "allqu"




CAPÍTULO 9





PASTOR, EL "ALLQU"






(Toño)


T
ODA LA ATENCIÓN ESTABA PUESTA en aquel padre de familia, ya no parecía el león hambriento de justicia sino un gato acorralado. El señor Choquehuanca estaba avergonzado, se sintió humillado, vino por lana y estaba a punto de salir trasquilado. Por otro lado, su hijo y yo estábamos a punto de ser descubiertos. Si Casimiro dice la verdad podría hacerme perder la opción a la beca.
— Si abres la boca te saco la mierda le advertí a Casimiro.
— Entonces, ¿qué debo hacer?
— Nada, solo quédate callado o quieres que Beto gane la beca.
          El papá de Casimiro sigue mudo, busca entre los alumnos a su hijo y no lo ve.
          — Seguramente ahora tal vez va a decir que fui a su casa y saqué esa talega para culparlo, ¿verdad? — interviene el papá de Beto con sorna (ironía) al ver callado al papá de Casimiro.
          — ¿Por qué no responde? — pide uno de los padres de familia.
          Los otros padres exigieron lo mismo, el director y mi tutor se alegran, Lucecita sonríe. Como era de esperar el señor Choquehuanca buscó excusarse.
          — Claro que es mi talega— afirma en voz baja.
          Los rumores no cesan y pide silencio.
          — No se dan cuenta que todo está planeado— levanta su dedo en señal de advertencia y dirige al señor Romero—. Díganos, ¿cómo obtuvo esa talega?, es mejor que hable o lo denunciaré por esta vejación (humillación).
— Eso debe saber su hijo, ¿por qué no le pregunta?
Los rumores se oyen por todo lado, mis compañeros buscan a Casimiro, este quería esfumarse y su padre lo llama; él duda, pensó en huir y eso sería asumir la culpa, me mira y le hago un gesto para no ir al frente. Su padre le levanta la voz.
— ¡Casimiro ven aquí de inmediato!
Él viene y todos lo siguen con la mirada.
—  Diles a todos que el día del robo tú me contaste que estabas mal y mientras te curaban la herida ocurrió el robo, ¿es cierto eso?
Casimiro asiente (afirma) con la cabeza, su papá le pregunta a mi tutor lo mismo y da como cierta su aseveración (afirmación).


— Ya lo oyeron, mi hijo no pudo robarlo porque estaba mal— mira a mi papá—. Díganos señor Romero, ¿de dónde ha sacado mi talega?
Ahora todos miran al señor Romero.
— Yo se la di— interviene un padre de familia.
Era el mismo con quien el papá de Beto se encontró minutos atrás mientras venía al colegio. Este lo detuvo y le preguntó si la talega era de él porque en ella había libros y cuadernos con el nombre de su hijo. Su papá para entonces no entendió nada y se la trajo. Al llegar al colegio empezó a oír los improperios (ofensas) del señor Choquehuanca, preguntó a uno de mis compañeros algunos detalles y se puso al tanto.
El padre de familia cuenta delante de todos lo ya mencionado de cómo le dio la talega al señor Romero y explica que lo encontró en una de las chacras del señor Choquehuanca. Al oír ello me puse nervioso.
— Hijo, ¿tienes algo que ver con esa talega?
Casimiro me busca con la mirada y lo observo con rabia. Su papá le vuelve a preguntar y a los pocos segundos sale corriendo. Tal vejación (humillación) quedará marcada en padre e hijo y las consecuencias para Beto y su familia están por venir.

El señor Choquehuanca no se asomó al colegio por los siguientes días, Casimiro faltó una semana. En esos días habló conmigo y le agradecí por no delatarme y al ver sus ansias de vendetta (venganza) me propuso urdir (tramar, planear) un plan para sacar a Beto del camino de la beca. 
Mi amigo tenía un perro rottweiler. Recuerdo muy bien cuando lo vimos por primera vez, fue un fin de semana que mi padre no regresó a casa desde el viernes. Beto me vio tan preocupado que fuimos a buscar a mi padre al pueblo, allí lo encontramos libando (bebiendo), en vano intentamos llevarlo a casa. Por lo menos me sentí tranquilo al saber que estaba vivo, pues pensé de todo por su repentina ausencia. Mi padre estaba triste por la muerte de mi abuela y era su forma de matar sus penas. Mientras caminábamos pasamos por un basural y allí había un cachorro tirado, Beto fue quien se percató y se acercó. Estaba muy flaquito y quien lo viera no le hubiera augurado (profetizado) días de vida, mi amigo sí lo hizo. Buscamos al veterinario y nos recibió con hostilidad (antipatía) al ver nuestra condición humilde.
— ¿Y con qué van a pagarme?
— Le parece bien si le damos un carnero como pago— respondió Beto.
El veterinario dilata (aumenta) el tiempo acariciando su joven barba, se veía que era nuevo. Beto se impacientó y le exigió salve al cachorrito.
— Ese rottweiler debe ser del rico hacendado de este pueblo, su perra parió cuatro cachorros. Hace dos días su hija los trajo para cortarles la cola y notamos a uno de ellos enfermito, le dijimos que lo deje y la terca joven no quiso.
— Y solo por eso conjetura (supone) que es de ella— le expresé.
— Ya pues chibolos no ven que ese cachorro es de raza, por aquí casi nadie cría perros como estos.
Beto no toleró que el veterinario se dé el lujo de dilatar (ampliar) el tiempo cuando tenía a un moribundo cachorro, empezó a exigirle y a reprocharle su frialdad. Eso impacientó al novato (inexperto) veterinario y se negó a atenderlo. En eso ingresó Gutierrez, el veterinario que actualmente sigue en el pueblo. Al ver la situación no dudó en atender al cachorro. El otro veterinario era su sobrino quien quiso abrirse un camino ayudando a su tío. Al ver su actitud comprobó que la veterinaria no era su vocación, por ello le quitó su apoyo, ya que no era el primer caso (ya había cometido negligencias (descuidos) con otros clientes con sus rebaños.

Pastor se quedó al cuidado del veterinario por unos días, luego se lo dio porque ya podía comer. Beto le pagó con un carnero y fue así como nació su nombre de aquel cachorro. Una ovejita fue el precio para salvar su vida y ovejas sería las que ha cuidado por estos cinco años. Por eso Beto le puso Pastor porque él daba la vida por sus ovejas. Muchas veces cuando no quise ir a pastear mi rebaño, mi amigo me prestaba a su mascota y él se encargaba de cuidarlas y lo hacía muy bien.

Hace un par de años hubo robos de rebaño por la zona y Pastor les dio un susto a los ladrones y nunca más volvieron. Era curioso como un cachorro tan pequeño y escuálido (flaco) como fue que lo encontramos haya crecido tanto. Pastor era la sombra de Beto, lo seguía a todo lado, era su fiel acompañante. Cuando iba a clases también venía y esperaba educadamente hasta la hora de salida, mis compañeros también le tomaron cariño por ser muy inteligente. Cuando alguien quería compartirle su refrigerio no lo comía, solo lo hacía de su amo.
Al oír el plan de Casimiro me pareció genial, pues si eliminamos a su mascota eso lo destruiría y descuidaría sus estudios.
El día viernes después de la clase de reforzamiento vine caminando con Toño.
— Mañana iré al pueblo. ¿Vendrás con nosotros? — me preguntó. Recién recordé que hace una semana le prometí acompañarlo para comprarle un detalle a Pastor.
Beto es tan memo que cada año le celebra su cumpleaños, son cinco años que cumplirá. Me excusé que tenía que trabajar en mis chacras. Le pedí me preste dinero y que el lunes en clases se lo devolvería.
— Está bien, de tu parte le compraré un collar ya que el que tiene está viejo. Yo le compraré sus galletas favoritas. Ahorré un poco para ello— me dijo muy contento.

Al día siguiente escondido esperé que Beto y sus padres se vayan al centro del pueblo para comprar víveres. Pastor como si olfateara el peligro salió junto con Beto, él le habla pidiéndole cuide su casa y que no puede acompañarlo. El perro no le hizo caso y siguió tras él. Muy molesto mi amigo le dio un grito, Pastor paró con más atención sus orejas, le mueve su cabeza, sus ojos le brillan de pena por no poder acompañar a su amo. Beto lo acaricia e increíblemente Pastor se para y lo abraza. “Ya, tranquilo. Bájate y ve a cuidar la casa”, le pide con ternura.
El miserable de cuatro de patas me olfateó, no conté con eso y empezó a ladrarme, Beto busca con su mirada y no logra verme. Por suerte su padre lo apuró y se marcharon. Luego de unos minutos Pastor siguió ladrándome y al verme dejó de hacerlo y vino todo mansito moviéndome su cola.
El pobre “allqu” (perro) si supiera lo que le esperaba, no deja de hacerme mimos. Le acaricio su pelo y le ofrezco una chuleta de chancho (su favorito), lo olfateó y me mira con detenimiento. “Anda, come”, le exijo. El desconfiado “allqu” (perro) vuelve a olfatearlo, mueve el hocico y babea un poco. Esta que se muere de las ganas por comerlo, pero no lo hace. Entonces recuerdo un detalle muy importante y lo sé porque Beto siempre lo remarcó y es que Pastor disfruta más cuando come de su plato. Ese plato se lo compró Beto dos años atrás. Busqué un buen momento y por suerte lo dejaron en el patio. Coloco las dos chuletas, Pastor se acerca y esta vez se lo ve más ansioso para que de una vez por todas se coma esas chuletas CON VENENO.


¿Logrará Toño su maldad con Pastor?



























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