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Capítulo 18: La foto







CAPÍTULO 18




LA FOTO





(Toño)


C
ASIMIRO REGRESA A VERME, ella quedó como inmóvil ante mis versos. Mis palabras le parecieron hermosas quería decirme que no puede corresponderme porque Beto es su enamorado, pero no quiso herirme. No pude resistirme a la medicina de su boca y la besé.

La mamá de Lucecita le había dicho a Beto que su hija fue al establo por leche, por eso se dirigía donde nosotros. Casimiro al verme besándola casi hace caer la botella que sostenía, vuelve a asomarse a la rendija y ve a Beto más cerca. Abre lentamente la puerta la cual hace un ruido, ignoro tal sonido y disfruto de esos escasos y maravillosos segundos. Beto se detiene al ver a su homónimo (tocayo).  
Nos hubiera visto besándonos si no fuera por el cachorro de Lucecita quien salió a su encuentro y se entretuvo acariciándolo. Ella me aparta con fuerza y se limpia la boca como si estuviera sucia, eso me dolió, pero ya tenía la medicina de su beso y me sentí como en las nubes.
— Eres un tarado, jamás debiste hacer eso— me reprocha muy molesta—. Beto te aprecia, cómo puedes ser un traidor.
— Amarte no es traición. Además, hasta donde sé ustedes no están, si él es lento qué puedo hacer— disimulo.
Beto nos ve y se acerca con una sonrisa, la cual se le congela al vernos tan serios.
— ¿Pasa algo? — pregunta con curiosidad. Se da un silencio por unos segundos que parecen eternos.
— Le reclamaba a tu amigo tenga más cuidado—le señala la comida del plato de su mascota roseada, ella lo hizo por casualidad cuando me rechazó.
Beto deja al cachorro en el suelo.
— Gracias por ayudarme a ordeñar Toño, nos vemos otro día— su indirecta fue muy clara, no quería verme.
Me despedí y vi a Casimiro aún oculto, este me da unos aplausos silenciosos, antes de salir volteé para verla y ella no me dio cara. Cuando se quedaron solos, Lucecita disimuló su cólera, iba a contarle mi perfidia (traición), pero quiso pensar un poco en cómo proceder ante mi inesperado atrevimiento.

(Beto)

En aquella fiesta patronal del pueblo del tío de Lucecita pasó algo que aún no les he contado. Cuando estaba allí todo iba bien excepto porque uno de los jugadores (que ya era mayor de edad) mientras libaba (bebía) con el tío y el padre de Lucecita les comentó sobre mi declaración de amor a Lucecita en la premiación de la copa. Su papá exasperado (enfurecido) me agarró del cuello y me preguntó si era cierto. El futbolista se paró a defenderme.
— Estaba bromeando paisa, no exageres— le mintió para enfriar aquel momento incómodo.
— Lo siento Beto, no quise reaccionar de esa manera. Mi hija aún es una “niña” y no puede estar con enamoramientos. Ella sueña con terminar la secundaria y la apoyaré para que lo logre. Si son amigos eso está muy bien, además si ganas la beca te irás por muchos años. Ya conoces el dicho: amor de lejos, amor de pendejos.
— Ven Ricardo deja a los chicos, ¿acaso no te acuerdas que desde chibolo te la agarraste a mi hermana? — le encara Adolfo, su cuñado.
El papá de Lucecita se incomoda con ese comentario y para disimular pide a la banda de músicos toque su canción favorita y los hizo bailar. Esa fue la razón por la cual decidimos mantener en secreto nuestra relación, su padre no la quería ver con enamorado. Como saben no todo secreto es secreto siempre hay algo que lo saca a la luz y se revele lo oculto.

(Rodrigo)

Con mamá fuimos al pueblo para hacer algunas compras y de pronto le vino unos mareos y se desmayó. El dueño de la bodega me ayuda y ella no reacciona. Casimiro me ve salir pidiendo un coche para llevarla donde el médico.
— ¿Qué ocurre? — me pregunta al acercarse y lo ignoro.
Ve un pequeño alboroto dentro de la bodega y logra ver a mi madre desmayada. Ordena a su peón para que la suban a su carruaje. Dejé de lado mi animadversión (rechazo) hacia él y acepté.

Debo reconocer que se portó muy bien, mi madre se quedó internada varios días. Casimiro pidió a su peón se encargue de los gastos y medicinas. No quise aceptar, pero no tuve otra opción.

El doctor le recomendó reposo y eso afectaba nuestra economía pues mi madre no podrá trabajar por un buen tiempo. Ella laboraba en el pueblo como cocinera para una familia opulenta (adinerada). Es increíble como puede ver personas tan indiferentes al problema ajeno. Mamá llevaba tres años trabajando para esa familia y cuando les conté sobre su salud no quisieron apoyarnos porque el accidente pasó en su día libre. En vano les pedí ayuda. Como pueden ser tan insensibles.

Me daba rabia tener que deberle a Casimiro y no me quedó de otra que aceptar su oferta de ayudarlo con sus tareas como antes lo hacía. La paga era buena y terminé aceptando. Beto y Lucecita no supieron nada, no quise contarles que volví a ir a la casa de Casimiro para trabajar ayudándolo en sus tareas del colegio.


Esta nueva cercanía con Casimiro es un detalle que tiene mucho que ver con algo que va a pasar. Una tarde le pedí venga a mi casa porque yo no podía ir a la suya ya que mamá estaba con fiebre y no quise dejarla sola. Esa tarde llegó súbitamente (inesperadamente) mi tía del pueblo al que hace poco fui. Se enteró de la salud de mamá y quiso verla.
Trajo un sobre con fotos, yo era aficionado a la fotografía y en aquella fiesta patronal saqué muchas fotos, fue mi tía quien me prestó su cámara y antes de regresarme le pedí revele el rollo de fotos, por eso las trajo. Le agradecí por no haberse olvidado.
— Allí te las dejo para que las veas— las coloca en la mesa.
Casimiro me mira como si esperara que las viera. Para disimular se frota las manos como si tuviera frío.
— Soy yo o es que hace mucho frío— vuelve a frotarse sus manos.
— Les prepararé algo caliente— nos dice con una carismática sonrisa y se retira.
Quise llevarme el sobre con fotos, pero preferí no darle importancia. Mamá empezó a toser con exageración y fui a verla.

Casimiro se queda solo y observa el sobre con fotos. Su curiosidad le invade, no puede más y lo abre sin mi permiso. En una de las fotos vio a Beto jugando fútbol. Siguió pasando las fotos y se detiene en una de ellas. Beto estaba arrodillado agarrando la mano de Lucecita, lucía con ropa deportiva, a un costado encima de una mesa estaba la copa que ganó. Mi tía ingresa con una fuente y dos tazas de mate caliente. Casimiro se pone nervioso.
— Y mi sobrino.
— Se fue don… creo que …—se le traba las palabras—. Fue a ver a su mamá.
Lo observa sosteniendo las fotos, ella se pone seria.
— Y por qué coges las fotos sin permiso. Mi sobrino te autorizó— le grita molesta.

Oigo voces y recuerdo que dejé el sobre. Mi madre vuelve a toser y me quedo un momento más.
Casimiro se queda callado y luego mi tía suelta una risotada.
— Es broma cariño— observa la foto que Casimiro sostiene—. Ese jovencito juega muy bien.
— Sí Beto es un apasionado al fútbol. No sabía que ganó la copa del campeonato.

Mi tía le quita con delicadeza la foto y la observa con detenimiento. Lo curioso es que a un costado de Beto y Lucecita había un arbusto en forma de corazón como si esa escena captada por una cámara agorara un sólido amor entre Beto y Lucecita. Aunque también podría ser solo un momento pasado captado y nada más.
— Ese jovencito es talentosísimo y muy romántico.
— ¿Romántico?, ¿y por qué lo dice?

Mi tía estuvo presente en todo momento conmigo en aquella fiesta patronal y presenció la declaración de Beto. Si Casimiro se entera, Beto tendrá problemas.

¿Acaso mi tía será indiscreta y le contará lo sucedido?












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