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Capítulo 22: posible, imposible





CAPÍTULO 22




POSIBLE, IMPOSIBLE



(Beto)



N
UESTRO BESO APASIONADO llenó de ira los ojos del papá de Lucecita. Camina hacia nosotros con las manos empuñadas. Fueron varios días sin abrazarla. Ambos sabíamos que debíamos tener cuidado. Lucecita varios fines de semana quiso venir al lugar donde ahora nos besamos, pero no lo hizo porque se percató que su papá la siguió en una ocasión. Hoy sábado debió ser diferente.
Hace unos minutos me asusté cuando me quitó el sombrero de la cara. Al abrir los ojos el sol nubló mi vista y al ver el bello rostro de mi gran amor no lo pude creer.
— No te asustes, mi padre se fue al pueblo y no regresa hasta la tarde.
— ¿Estás segura? — le pregunto y siento un mordisco en mi pierna derecha. acaricio a su mascota y jugamos un momento.

Debo confesar que aún soy tímido con ella, la miro y me provoca abrazarla y besarla, pero como soy novato (nuevo) en el tema del enamoramiento no soy tan lanzado. Le pido me devuelva el sombrero y me reta a quitárselo. Correteamos un momento y al alcanzarla, la sujeto contra mí. Ella no resiste más y me da un raudo beso. Ese beso hace que fluya unos versos.

IMPOSIBLE, POSIBLE

Dicen que lo imposible es posible
es como la ley de los opuestos.
Si existe lo imposible es porque
su antítesis es lo posible.

Nuestro amor tiene esas dos caras de la moneda.
Es imposible no amarte
es imposible no quererte.
Y aunque sufriera de Alzheimer
para mi mente, para mi corazón
para todo mi ser sería imposible olvidarte.

En clases no podemos besarnos ni abrazarnos
alimentamos nuestro amor
con nuestras miradas
esas miradas son como un discurso vasto.
Tan extenso que basta para expresar lo que sentimos
Mirada tierna, inmensa y llena de AMOR.

Pasan los días y te das cuenta
que no basta esas miradas para alimentar al amor.
Hoy lo imposible se hizo posible
porque hoy te beso con pasión.

Definitivamente el beso
¡Oh!, el beso es lo máximo.
Allí no existen las palabras.
Al juntarse nuestros labios
habla el lenguaje del AMOR.

Lucecita se emociona con mis versos y se cuelga de mi cuello y nos besamos por un buen momento. Su papá se acerca y ese mágico momento se rompe.
— ¡Lucecita! — grita con tanta fuerza que nos asustó.

(Toño)

Casimiro intenta hacer reaccionar a Rodrigo. Yo me quedo inmóvil, estaba asustado. Un ruido me hace reaccionar, el ruido provino del interior de la casa de Rodrigo.
— No te quedes allí parado ve a ver qué pasó. Ingreso y de la habitación de la mamá del traidor oigo gritos de ella.
— Hijo, ¿eres tú?, ¿qué fueron esos gritos?
Me asusto y sin decir nada salgo y veo aún inmóvil a Rodrigo.
— ¡Vámonos! — le propongo a Casimiro.
— No, aún tiene pulso.
Abandono su casa, la mamá de Rodrigo sigue gritando y me desespera. Le hago entender que es mejor huir. Casimiro se asusta cuando me oye las consecuencias de lo que podría pasar.
— No ves cómo sangra. Qué diremos cuando le pregunten quien lo dejó golpeado. Y si reacciona nos acusará de intentar matarlo.
— Por qué tuviste que descontrolarte— me reprocha.
— No es momento para tus sermones. Huyamos antes que venga alguien.
Casimiro comprende las consecuencias y lo abandonamos.

(Beto)

El papá de Lucecita me sostiene del cuello y miro su mano empuñada a punto de darme un golpe. Ella lo detiene.
— No te acerques nunca más a mi hija, ¡entendiste! — me suelta—. Confié en ustedes, si te llevamos a la fiesta patronal no fue para que cortejaras a mi hija, me han mentido y eso no lo tolero.
— Papá cálmate por favor— le pidió su hija.
— Despídete de tu madre y hermanito porque mañana mismo te llevaré al pueblo de tu tía.
 — No papá, por favor— le suplica llorosa.
— Mil veces te he contado el error que cometimos con tu madre, de todo lo que hemos renunciado por enamorar tan jóvenes y mira cómo pagas a mis consejos. Te lo advertí, ahora asume las consecuencias.


— Don Ricardo le pido…
— ¡Cállate!, no digas nada. ¡Lárgate!, nunca más te acerques a mi hija. No volverás a verla.
Se la lleva jaloneándola, ella no dejaba de llorar. La veo partir, ella voltea y mi mente graba esa imagen. Su rostro lloroso.

Lágrimas brotan en mi rostro, voy al río y me mojo la cara. Dejo a mis animales y voy a casa para almorzar. Si Pastor estuviera vivo se hubiese quedado cuidando a mi rebaño, pero no está. Mamá aún cree que hay gente buena y me pidió deje a los animales pues nunca ha pasado robo de ello, pero yo si tenía desconfianza.
No tenía hambre, pero tenía que ir sino mi madre se preocupa. Al llegar veo en la mesa un sobre. Lo observo y allí leo que está dirigido a mi persona. Me dispongo a abrirlo. Ese sobre fue el que Rodrigo me dejó y en el cual está la verdad para desenmascarar a Toño y Casimiro.














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