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CAPÍTULO 6: El águila



















¿
ALGUNA VEZ HAS SENTIDO CELOS? Lo más probable es que tu respuesta fue un sí, ese sentimiento lo experimentamos desde que tenemos uso de razón, se dice que es inherente a la raza humana. Fue eso lo que sintió Roque. Mamá guardaba en su bolso una foto que ni se acordaba que allí estaba. Recién en la tarde cuando fue a pagar a la farmacia por un medicamento que me compró se percató de la foto.
— ¡Qué significa esto!
Mamá retrocede pues ve el puño de Roque.
— Ni se te ocurre levantarme la mano.
La foto era de Mauricio un enamorado del pasado a quien quiso mucho. Él siempre estuvo enamorado de mi madre. Roque hizo todo por separarlos y al final se quedó con mamá. Le pide una explicación de por qué lleva en su bolso esa foto. Tira la botella al suelo de la rabia.

Ingresé por la puerta del patio, desde allí escucho la botella. Roque lanza injurias contra mi madre, ella no se queda atrás y le encara que está harta de sus cambios bruscos, le reprocha que ya no es el mismo.
— Me estás queriendo decir que hubieras preferido quedarte con el miserable de Mauricio.
— Tú me prometiste que viviría como una reina y mira dónde vivimos. Últimamente tomas mucho, pierdes los papeles y casi matas a Gabriel, ¿acaso te parece poco?
Roque da vuelta a la foto y su ira se incrementa. Allí había una dedicatoria de Mauricio Gabriel. El segundo nombre de su ex era como el mío. Roque le manda una bofetada, mamá no era de quedarse atrás y se la devuelve. Era la primera vez que discutían de esa forma. Al oír sus gritos ingreso para ayudarla.
— ¡Déjala, déjala! — le grito y en mis manos sostengo una escoba.

Roque había pasado los límites. Mi madre me pidió que no le cuente nada a mi nona. Anoche se marchó cuando mi mamá le botó de la casa. Mi abuela desesperada vino por la mañana a buscarme. El mensaje que le dejé el chistoso de mi hermano lo ocultó para hacerle una broma a mi nona. Por eso vino a buscarme. No la dejé ingresar, le dije que mamá salió temprano.

Papá desapareció nuevamente por dos días. Al tercer día intentó disculparse con mi madre, ella le expresó que quiere tomarse un tiempo y se separaron. Mi hermano era muy pegado a papá y me culpó por la separación de mis padres.

          Después de dos semanas volví al Jardín, mi mamá era quien me llevaba, pues desde la separación con papá se vino a vivir a la casa de mi nona. Me dejaba en el Jardín y se iba a su trabajo. La verdad no tengo muy claro dónde trabaja, solo sé que vende ropa. Trabajaba casi todo el día y llegaba a eso de las nueve de la noche o un poco más. Yo le esperaba despierto para servirle su cena, llegaba tan cansada que quería atenderla. La noté triste y era porque extrañaba a papá. Pese a intentar acercarme a ella se mostraba fría como si también me culpara por su separación.
         
          La jaula de mi Jardín seguía, James no se cansaba de fastidiarme. Ahora lo hacía porque mi lonchera era una bolsa de plástico. Una noche mientras mamá cenaba y miraba su telenovela le pedí una lonchera y me arrepentí de hacerlo pues me dio todo un sermón por perder la que tenía y fue muy clara en decirme que no me comprará ninguna.

          Faltaba casi un mes para el Día de la Madre, un día Josué faltó y Camilo se sentó a mi lado. En un momento de la clase me codea para ver la boca abierta de James mientras se dormía en plena clase. Nos matamos de la risa y soltamos una carcajada, sin darnos cuenta la maestra también se había dormido en ese mismo momento y cuando nos escuchó reír pensó que nos estábamos burlando de ella y nos botó de la clase.

Estuvimos parados en el patio, el canto que provenía de la clase de la profesora Fátima llamó nuestra atención, les enseñaba a sus niños una canción por el Día de la Madre, Camilo me motiva para ir a curiosear. Por la ventana vimos cómo ensayaban un canto muy bonito. Los niños lo hacían con mucha fuerza. Deseé ser su alumno y lo fui por esos minutos. Luego les dijo unas palabras que me dejaron pensativo.
          — ¿Les gusta que les den regalos? — les preguntó.
          — Sí— respondieron con alegría todos y empezaron a cuchichear de qué les gustaría que les regalen.
          — ¿Y qué pasaría si no les dan un obsequio?
          Ponen su carita de apenados y les da a entender que así de tristes se sienten nuestras madres cuando no les damos un regalo. Les recalcó que el mejor regalo es un beso y un abrazo, pero sobre todo si no las hacemos renegar. También les motivó a ahorrar y comprar un regalo, aunque sea pequeño, pero lo que valdrá es el esfuerzo. Esas palabras resonaron en mí y decidí ahorrar, pues tenía que comprar dos regalos, ya que tengo dos madres.
         
A Camilo también le gustaron esas palabras de la profesora Fátima.
— Y cómo ahorraré si nunca me dan propinas— le expreso apenado a Camilo.
Me comentó que había una forma, él todos los fines de semana va al cementerio a trabajar con su primo adolescente. Él vivía a unas cuadras de la casa de mi nona. Quedamos en que por lo menos en tres domingos que vaya unas horas podré ganar las monedas necesarias. Y fue así que obtuve permiso con el pretexto de ir a su casa supuestamente para ensayar un número para el Día de la Madre.

Fue mi primer trabajo y la primera vez que ingresé al cementerio de La Apacheta, el cual es el más grande y antiguo de Arequipa. Fue el insigne (famoso) Simón Bolívar quien en 1835 dispuso su creación. El trabajo consistía en vender agua, limpiar los floreros, prestar escalera. Camilo era un experto y yo un bisoño (novato). Logré ahorrar lo necesario para mi objetivo.

No sabía que regalo comprar. Como he pasado más tiempo con mi Mama Grande conocía más sus gustos que el de mi propia madre. Mientras miraba unos adornos me llamó la atención el adorno de un águila, sus ojos los movía como si tuviera vida. Era de yeso por dentro y por fuera tenía las plumas pegadas como si fueran reales. Me pareció el regalo perfecto para que mamá lo tenga como adorno. Tal vez se estarán preguntando y por qué escogí ese obsequio. Pues en otra ocasión la maestra Paola me volvió a castigar por no traer mis útiles y me botó del salón.
Nuevamente me asomé a la clase de la profesora Fátima y esta vez hacían la dinámica del Águila, mientras cantaban según la letra de la canción movían sus brazos como si fueran alas.
Hay un animalito,
¿cómo es?
Es grande, muy grande (allí abrían sus brazos)
Mueve su piquito (simulan eso)
Sus garras son grandes (simulaban las garras y la cara ponían de susto) …
Vuela, vuela. Alto muy alto
¿Quién? (les pregunta a los niños)
El águila (responden en coro)
¿Y cómo es?
Es grande, muy grande.

Después del canto les contó la historia de un águila y deseé ser esa ave porque es un animal que vuela alto y no mira atrás. Yo quisiera volar alto y no ver este Jardín, para no ver la pena de mi madre quien cada noche no sé porque se la pasa llorando, para no pelear con mi hermano quien parece mi enemigo. No quería mirar ese día en que me llamaron meón y ladrón, para no recordar los golpes de papá. Quería olvidar muchas cosas.

En casa le pregunté a mi Mama Grande si sabía algo sobre las águilas y me contó que es el ave que vive más (como setenta años), hay un momento en que sus garras crecen mucho y no pueden coger a su presa; sus alas se vuelven pesadas y el vuelo se le hace difícil; su pico se vuelve otro problema porque se curva mucho que casi llega a su corazón. Es el momento en que el águila tiene que deshacerse de ese pico, de esas garras y de esas plumas porque si no lo hace muere.
Esa etapa son los problemas graves por las que pasa el águila, pero nunca se rinde pues busca un lugar solitario por 150 días y se renueva porque si no lo hace muere.
— ¿Qué significa que se regenera?
— Significa botar todo lo viejo. En esos 150 días que el águila se aleja no vuela y golpea su pico una y otra vez contra una pared hasta arrancarlo y tiene que esperar que le crezca otro pico. Después se saca las uñas y posteriormente las plumas. Después de cinco meses el águila se vuelve más hermoso y empezará a volar feliz por treinta años más.
Me pareció un animal genial. Y por eso quise regalarles a mis dos madres el mismo obsequio porque quería que ellas vivan mucho tiempo y sean fuertes como ese animalito.

  En la preparación de los números artísticos para la actuación del Día de la Madre la maestra no me tomó en cuenta ni tampoco a Sarita porque como ya les mencioné anteriormente la mayoría de mis compañeros se alejan de ella por su mano quemada. El figureti de James fue elegido junto con Tiziana para declamar. Yo quise hacerlo, pero tajantemente la maestra no lo permitió. Tampoco en el baile ni en nada. De tanto ver el ensayo de la declamación me lo supe de memoria.
Sarita estaba tan triste porque deseaba declamar la animé para que lo hagamos imaginariamente, es decir imaginarnos que lo presentábamos ante un público. En el recreo practicábamos, la profesora Fátima nos vio y nos dio pautas para mejorar. Sarita era tan hábil que captaba más rápido la idea.

Cuando mamá recibió la invitación para la actuación del Día de la Madre ni caso hizo a la bonita tarjeta que la dirección mandó a todas las madres. Dijo que no iría porque no puede dejar de trabajar. Un día antes de la actuación hicieron el sorteo de la canasta y salió mamá. James como siempre dio un comentario negativo diciendo que esas canastas son para pobres, pues no me importó lo que dijo ya que mi mamá sí o sí vendrá para recoger la canasta. Entonces allí le daré su obsequio.

          El día llegó, me alegró ver a mamá en mi Jardín. Le pedí a la profesora Fátima papel de regalo y me hizo el favor de envolverlos. Le llamó la atención el águila, ella sabía que en ocasiones he observado sus clases, mientras lo envuelve le cuento la historia que me narró mi Mamá Grande. Cuando me escuchó la profesora disimuló no conocerla y me felicitó por contársela tan amenamente pues lo hice haciendo gestos.

          Cada salón presentó tres números, de los cinco salones solo a dos les tocó declamación, uno de ellos era el mío. James presumía su terno muy elegante. Su presentación era el primer número, con Sarita subimos al estrado ya que la maestra nos encargó sostener un dibujo de fondo. La profesora Paola anuncia el título del poema y se oye una música de fondo.

La mamá de James no había llegado, eso le dio rabia y le dio pánico escénico al ver a tanto público. Después de los aplausos se oye muy bajo una melodía instrumental muy triste, James tenía que iniciar con la exclamación ¡Madre!, y no lo hizo porque olvidó el poema. La maestra Paola pide más aplausos para animarlo, eso lo pone más nervioso. James sigue mudo e inmóvil. Todo el público lo observa.
          Josué y Camilo se chocan las manos como símbolo de alegrarse por lo que le acababa de pasar. Tiziana aguardaba su turno, le susurra la palabra que debe mencionar y James sigue mudo.

Sarita sonríe y me mira dándome a entender que tomemos su lugar, después de todo el poema lo sabíamos a la perfección.
¿Debo salir y hacerlo? Declamar el poema junto con Sarita significaría humillarlos.

¿Debo hacerlo?













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