CAPÍTULO 16
LA DECLARACIÓN DE BETO
(Rodrigo)
E
|
L DIRECTOR SE QUEDA mirándome. Casimiro
tiene la mano empuñada, mira a Toño con rabia. Necesitaba una explicación.
“Estás muerto”, escucho que balbucea y lo decía para mí.
—
Esto no lo voy a tolerar. Sé que hay un culpable que ha dado esta idea y tú
Rodrigo eres uno de ellos y con gusto voy a suspenderte— me amenaza públicamente
el director.
—
Si va a sancionar a Rodrigo también yo soy la culpable— interviene Lucecita
quien sale adelante cerca de mí.
—
No hay ningún problema. Y no dudes en que te sancionaré— le responde.
Toño
mira a Beto quien seguía observándonos. Él muy farisaico (hipócrita) evita
mirarme y hasta que lo hace y le doy a entender que es su turno.
—
No merezco postular a la beca señor director, también debo ser sancionado por
golpear a Rodrigo— dice Toño.
El
director no esperaba esas palabras, traga saliva y frunce el ceño. Mi tutor y
la profesora de Matemáticas admiran su supuesta valentía.
—
Si nos quedamos sin beca así será. Como les he dicho no voy a permitir más
indisciplina, ¿hay otro culpable más?
La
mejor amiga de Lucecita se culpa y a partir de ella también lo hicieron el
resto de mis compañeros de grado. Era increíble ver cómo todo el alumnado se
culpó y exigió ser sancionado. Este final se parece al de la obra que ya les
comenté, sí al de FUENTE OVEJUNA. Pues después que todo el pueblo mató al
malvado comendador, el rey de España que era como el presidente de la época se
enteró de ese crimen y quiso buscar al culpable. Preguntó a niños, jóvenes,
ancianos y todos respondían: “Lo mató Fuente Ovejuna, señor”. Es decir, todos y
eso estaba pasando ahora porque no hay un culpable sino todos lo somos. El
director se rasca su poca cabellera blanca. Todo el alumnado se acaba de
culpar. Observo a Beto y estaba emocionado por esa muestra de comprensión y apoyo.
La
profesora de Matemáticas pide al director hablar un momento en privado e
intenta hacerle entrar en razón porque si sanciona a todo el alumnado al día
siguiente podrían venir todos los padres de familia a quejarse. Mi tutor pone
su grano de arena haciéndole ver que no se pueden dar el lujo de perder la
beca.
Después de unos minutos de angustia
escuchamos lo que queríamos. Beto y todos fuimos perdonados, el director
comprendió que el ser humano es primero antes que cualquier base de un
concurso. Beto saltó de alegría y abrazó a su padre. Casimiro y Emilio fueron
los únicos indiferentes. Al finalizar la reunión no quise que me agradezcan nada
y me marché sin ser visto.
(Beto)
Busqué
por todo lado a Rodrigo para darle las gracias, pero ya se había marchado. Me
disculpo con Toño y le agradezco por lo que dijo. Lucecita estaba contenta y lo
abrazó con entusiasmo y también le pide disculpas por haber pensado mal de él.
Por
la tarde no hubo clases de reforzamiento, mi tutor nos día la tarde libre.
Luego de almorzar fui a buscar a Rodrigo, allí encontré a Casimiro quien casi
lo golpea. Me bajo de inmediato del caballo y lo defiendo.
—
¿Acaso vas a pegarme? Pues hazlo si puedes— me reta—. Tienes suerte que no
estamos en el colegio y el director no te pueda ver.
Prefiero
mantener la calma no sin antes decirle sus verdades.
—
Algún día pagarás lo que has hecho.
Casimiro
mira mi mano empuñada y opta por marcharse.
—
No vuelvas a ir a mi casa— le dice a Rodrigo y se marcha.
Molesto
llega Casimiro a la casa de Toño y ni bien lo ve le manda un puñete.
—
¡Qué diablos has hecho! — le reclama.
—
No me juzgues sin saber lo que pasó— le aclara.
Le
cuenta sobre la amenaza de Rodrigo y que lo escuchó hablando y dándole dinero a
Emilio.
—
Ahora comprendes. No tenía alternativa. Ya pensaremos en algo para molestar a
Beto. Te apuesto que la tristeza no se le ha pasado. Él quería mucho a su
mascota.
Toño
tenía razón, extrañaba a Pastor y su pérdida me distrajo en mis estudios. Ese
fue el objetivo de ese par de malvados y lo consiguieron.
El
cariño de Lucecita me reconfortó y sobre todo nuestro segundo beso. La pena me
duró varias semanas y en esos exámenes de simulacro Toño me ganó. Para animarme
Lucecita vino con Beto, es decir la mascota que le regalé. Quiso dármela para
llenar el vacío de Pastor y no lo acepté. Me dio un efusivo beso y eso estuvo mejor.
—
Cada milésima de punto cuenta en el examen, deja de distraerte, por favor— me
pidió mientras me daba a la boca algunos pedazos del pastel de choclo que
preparó con mucho cariño para mí.
Su
apoyo fue importante para ponerle tesón (esfuerzo) a mis estudios.
En
un pueblo lejano el tío de Lucecita fue mayordomo de la fiesta patronal, me
invitó para ir con ella y sus padres para distraerme un poco. El viernes por la
tarde no vine a las clases de preparación, Toño se quedó sorprendido al no verme, mi tutor
le dijo que no le he pedido permiso y no sabe por qué he faltado. Tenía razón,
pues a último momento me animé. Mi amigo pasó por mi casa y mamá le dijo que me
había ido de viaje con los padres de Lucecita. La noticia no le cayó nada bien.
Quiso ir tras nosotros, pero sus padres no le dieron permiso.
La
fiesta patronal fue lo máximo, bailé mucho y comí delicioso. También recé un
poco, en los pueblos es un privilegio oír misa, pues el sacerdote solo viene en
la fiesta patronal y en una que otra ocasión.
Lucecita
sabía de mi pasión por el fútbol y en el pueblo de su tío cada año hacían un
campeonato a lo grande, venían de otros lugares. Me lucí en el juego. Ella
desbordaba de alegría al verme tan feliz, mi pena se había esfumado. Hubo dos
categorías: una de jóvenes y otra de adultos. Mis compañeros de juego fueron
muy amables, aunque en un inicio dos de los jugadores no quisieron que me
pongan como titular no solo por ser de otro distrito sino porque me vieron
delgado y algo pequeño para mi edad. “Por suerte” uno de esos que me criticaron
fue lesionado. Lucecita intercedió por mí ante su tío, quien era el encargado
de nuestro equipo, para que ingrese.
El
tío de Lucecita me miró con recelo y ante la insistencia de su sobrina favorita
accedió y no lo decepcioné, pues a los diez minutos anoté el primer gol. Al
final del juego esos dos compañeros se disculparon conmigo y quedó todo
olvidado. Ese día jugamos dos partidos y ganamos. Para no entrar en más
detalles debo decirles que campeonamos.
Al
recibir la copa me pidieron dé unas palabras como el goleador del campeonato.
En la ceremonia de premiación no estaba el papá de Lucecita porque estaba ebrio
—todos los días de la fiesta se la pasó libando (tomando) —, su mamá estaba
cocinando para dar de comer a todo el pueblo. Antes de tomar la palabra el
organizador invita a los presentes a la casa del mayordomo para el almuerzo
respectivo, es decir a la casa de Adolfo, el tío de Lucecita. Todos aplauden.
—
Ahora sí, el goleador nos dará unas palabras y espero nos diga a quién le
dedicó esos goles.
Tomé
la palabra, unas jovencitas cuchicheaban dándome encomios (halagos). Miré a
Lucecita.
—
Quiero pedir delante de todos ustedes se acerque la musa (inspiración) de mis goles—
las jovencitas ríen, Lucecita se pone roja, la señalo; todos la miran y le
piden venga al frente—. Hace meses le expresé mis sentimientos y hoy volveré
hacerlo— me arrodillo y le expreso unos versos.
Dicen que para un varón
lo más importante es el fútbol.
Pueda que tenga razón quien crea eso.
Porque AMOR Y PASIÓN
son sinónimos del fútbol.
Si el fútbol hablara diría que es cierto.
da fraternidad y felicidad.
El hincha le pone amor a la camiseta,
el jugador le pone amor y pasión.
Por eso, el amor a una mujer
es como la pasión y el amor al fútbol;
porque te unes a esa persona
porque te da felicidad.
Porque si en la cancha se da todo.
Por una mujer también eres capaz de dar todo,
es por ella quien uno da la vida.
.
Hoy mi querida Lucecita.
Quiero decirte que TE AMO;
más que al fútbol, más que a todo.
¿Quieres ser mi todo?
¿Quieres ser mi enamorada?
Ella
me mira emocionada y se tapa la boca. A las jovencitas les pareció algo
romántico, todos gritan que me acepte. ¿Esta vez me dará su respuesta?
No hay comentarios:
Publicar un comentario