CAPÍTULO 2
CELOS
H
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OLA ALBERTO:
Me
da un poco de roche y no sé cómo empezar esta carta, disculpa por decirte
Alberto, aunque tú prefieres que te llamen Beto. Ha pasado más de un mes desde
la fiesta del pueblo, aún te recuerdo con tu cara pintada, eran carnavales y la
pasé genial. Estoy preocupada desde el día en que tu papá vino al salón muy
eufórico, ese día Casimiro quiso hacerte quedar mal ante el director y me
alegra que tengas un amigo muy fiel porque te defendió ante las mentiras de
nuestro compañero. Sabes Toño me cae muy bien y me alegra saber que te está
ayudando, te mando un trozo de pastel de choclo (tus favoritos) y espero te
guste.
Han pasado algunas semanas desde tu declaración, ese día me
tomaste por sorpresa y seguramente todo este tiempo has esperado mi respuesta.
Por medio de esta misiva (carta) quiero dártela y mi respuesta es SÍ, sí quiero
estar contigo, si me gustas y ACEPTO SER TU ENAMORADA.
(Toño)
En
esa parte de la carta me detuve, agarré el táper donde estaba el pastel con
choclo que le mandó Lucecita a Beto y lo boté al suelo de la rabia, seguramente
algunos dirán que esta historia es el típico triángulo de amor, pues no se
trata de ello porque con Beto muchas veces hablamos sobre Lucecita y cuando
pensé que ella le gustaba él la negó, de la misma forma cuando mi amigo me
preguntó si me moría por ella también la negué (tal vez digan que soy un conchudo,
no me importa).
En
la fiesta del pueblo uno de mis compañeros me avisó que los vio muy juntitos y
le resté importancia porque le comenté esa información a Beto y lo negó.
Quedamos que cuando Cupido nos visite no los contaríamos y nunca me contó nada
de su declaración. Es increíble como el amor hacia una dama puede hacer cruzar
las neuronas, sentí una sensación horrible. Tenía tanta ira que no fui donde
Beto, no quise comer. Y como ha malogrado mi almuerzo y cena también le hice
pasar hambre. Jamás pensé decir eso, pero es lo que siento.
Al
día siguiente supe que el profesor estaba preocupado por Beto, en el patio consultó
con mis compañeros sobre su paradero y nadie le dio razón, Lucecita no pudo
mentirle y le dijo que yo sabía dónde estaba. Me negué y evadí al profesor
yéndome al salón de clases, Lucecita me siguió y preguntó si le entregué la
carta, la miré un momento y cuando iba a mentirle que sí, el profesor ingresó y
me fui a mi sitio.
Esa
tarde estuve diferente con Beto, fue una visita muy rauda (rápida, veloz),
quise reclamarle, pero cómo hacerlo porque se enteraría que leí su carta y eso
no lo toleraría. Si bien él no estaba yendo a clases yo le prestaba mis cuadernos
y de ahí repasaba, siempre me habla de la ilusión que tiene por ganar la beca.
Los días siguientes también quise castigarlo con eso; por ello un día le
inventé que no le llevé mis apuntes por olvidadizo. Otro día, le dije que mi
padre me vio llevando el cuaderno y me llamó la atención y para evitar
sospechas no lo traje. La rabia aún seguía en mí y esta aumentaba cuando
Lucecita se acercaba y me preguntaba por él.
Han
pasado cinco días y ya me cansé de ayudar a Beto, al sexto día Casimiro me
siguió, lo noté y fingí a propósito que no me di cuenta. Descubrió nuestro
escondite. Supuse que iría corriendo con el chisme con el papá de Beto, pero no
lo hizo, el desgraciado se vengó de mí por haberle puesto un alto el otro día
cuando defendí a Beto ante el director.
—
Luz, o debo llamarte Lucecita como lo hacía tu amado Beto— le molesta Casimiro.
—
No estoy para escuchar tus tonterías— le respondió muy cortante.
—
Es una lástima pues pensé que querías saber dónde está Beto.
En
ese momento llegué al salón y escuché lo que le acababa de decir. Me miró y dio
una risa burlesca.
—
¿Acaso sabes dónde está?
Me
quedé paralizado, lo miré desafiante.
—
Por supuesto, pero no soy el único.
Luz
me mira.
—
Si me vas a decir que Toño sabe, eso ya lo sé, pero él nunca lo traicionaría.
—
Él no te lo dirá, pero yo sí, es mas a la salida te puedo llevar a su
escondite.
Ya
iba acercarme a darle un puñete y el profesor ingresó, con las manos empuñadas
fui a mi sitio, Casimiro me miró desafiante. Me propuse evitar a toda costa su
plan, si le da la ubicación de Beto Lucecita lo visitará y le preguntará sobre
la carta o no sé. ¡Ah!, estaba molesto. A la salida hablé con ella y le pedí no
le haga caso a Casimiro, este no se iba y a unos metros disimuladamente
esperaba abordarla. Quise acompañarla a su casa y de paso contarle sobre un supuesto
mensaje que me dio mi amigo, ella miró impaciente a Casimiro.
—
Toño, no te molestes, Beto no lo tomará como una traición porque Casimiro es
quien me llevará donde él.
—
¿Acaso le crees?, seguramente quiere hacerte una broma y hacerte perder el
tiempo.
Casimiro
se acerca al verla interesaba.
—
Lo dejo a tu criterio si quieres me sigues sino no hay problema, el pobre de
Beto debe estar hambriento. Mira— le muestra una bolsa con frutas—. Le llevaré
algo de comer, ya que el otro día alguien lo dejó sin almuerzo y cena.
Mis
ojos se agrandaron al oír ello.
—
También le llevaré mis apuntes porque últimamente su mejor amigo no sé por qué
ya no quiere compartirle nada— me mira y toca mi hombro—. Te entiendo Toño,
seguramente quieres la beca para ti.
Quedé
pasmado, como podía saber todo eso. Estaba claro, ayer después de seguirme
seguramente habló con él; no hay otra explicación.
—
¿Es cierto lo que dice Casimiro? — me pregunta sorprendida Lucecita y me quedo
mudo.
—
No tienes nada que perder sígueme y lo sabrás— insiste Casimiro.
Él
había acabado con mi paciencia, me lancé contra él y empezamos a pelear;
Lucecita en vano intenta separarnos. La ira contenida por la declaración oculta
de mi mejor amigo y el sí como respuesta por parte de ella vino a mi mente,
saqué ventaja en los golpes, pues me ligó uno que le di en la boca del estómago.
Él se retorcía de dolor y empecé a darle patadas; ella se asustó y corrió a
llamar a mi tutor, este vino junto al director y me detuvieron. Lucecita me
miró con rabia y se fue molesta.
Mi
tutor fue claro en decirme que si quería ingresar a clases mi padre debería
venir al día siguiente a primera hora. En casa no avisé nada, al ir a clases
llegué temprano para evitar que Casimiro le revele el escondite de mi amigo,
pero él no vino. El profesor al verme me preguntó por mi padre y mentí
diciéndole que vendría a la salida y esa mentira me costó muy caro porque el
papá de Casimiro fue a mi casa y le puso al tanto de nuestra querella y mi
padre vino a buscarme al colegio. Ingresó furioso y me sacó de las orejas del
salón, el profesor corrió tras de mí.
En
la dirección mi padre le decía al director que no postularé a la beca. Este le
aclaró que igual no iban permitir mi postulación pues no podía representar al
pueblo por mi mal carácter. El papá de Casimiro exigió me expulsen por la
tremenda golpiza dada a su hijo y esa fue la razón por la cual no vino a
clases.
Mi
padre le dio un látigo grueso con el que a veces me castigaba en casa y le
autorizó para golpearme con él hasta el cansancio. Primero lo hizo el director,
mi tutor se opuso y le pidieron que se retire, luego el papá de Casimiro me dio
varios zurriagazos (correazos), grité y lloré de dolor, quien haya visto o
recibido esos golpes entenderá lo doloroso que es, quedé en el suelo adolorido,
a mi padre no le importó y se fue molesto por haber perdido horas valiosas de
trabajo en la chacra. Mi profesor ingresó y me ayudó a levantarme. Sentí odio
contra Beto por lo que me estaba pasando.
A
la mañana siguiente papá no me dejó ir al colegio, si bien el director le
indicó que una buena paliza estaba bien mas no debería privarme de asistir a
clases, mi padre dijo que lo pensaría. El hecho de no asistir me dejó
preocupado si bien Casimiro faltó el día de ayer hoy sería distinto y
seguramente va a llevar a Lucecita donde Beto. Mi tutor me visitó, él confiaba
en mí o Beto para esa beca, la arrogancia de Casimiro no le gustaba y ahora mi
carácter seguramente tampoco, pese a eso vino. Mientras esperaba a mi papá para
persuadirlo y me deje asistir a clases me dijo que intentaría hacer cambiar de
opinión al director para postular a la beca.
—
Ahora dime, ¿dónde está Beto? Mírate, no puedes ni caminar, debe estar
hambriento.
—
¿Vino a clases Casimiro? — le cambio el tema al de mi interés.
—
No, no vino y responde mi pregunta.
—
Profe ya le dije que no sé dónde
está.
—
Ya estuvo bien unos días o crees que se la pasará todos los días escondiéndose.
—
Espero convencer a tu padre pues la otra opción es Beto para ganar esa beca—
mencionó con entusiasmo.
Al
oír ello me abrió los ojos pues si Beto vuelve a clases y gana la beca se iría
por años a Lima y yo tendría el camino libre para estar con Lucecita. Recordé
parte de la carta y allí ella le decía que si él no le mandaba una respuesta o
no le tocaba el tema entendería que ya no quiere saber nada de ella por hacerlo
esperar. “Si Beto no sabe nada de la carta nunca le tocará el tema de la
declaración porque ella supondrá que ya no quiere nada” pensé. Le revelé el lugar secreto a mi profesor.
Por
otro lado, la ira de Casimiro no se hizo esperar, estaba muy molesto porque
tenía la cara con moretones por las patadas que le di, fue donde Lucecita y no
la encontró pues vino a visitarme, llegó después que el profe habló con mi papá a quien logró convencerlo. Al menos podré
seguir asistiendo al colegio y así ver a mi adorada Lucecita. Se sentó junto a
mí y dijo que prepararía mi postre favorito, mientras lo hacía la miré con
dulzura, de rato en rato me regalaba una sonrisa. Le mentí que ya le había
llevado algo de comer a Beto. Mi profe
seguía hablando con papá y luego ingresó a la cocina.
—
Toño dame la comida que llevaré a tu amigo Beto el pobre debe estar hambriento
imagínate no probar bocado desde ayer.
No
se dio cuenta de la presencia de Lucecita.
—
¡Eso es cierto! — exclamó molesta.
Yo
no sabía qué decir.
Por
otro lado, Casimiro tenía esas ansias de venganza y fue a la casa de Beto, allí
encontró a su mamá Margarita llorando, le hizo pasar, al rato llegó su esposo.
—
Mujer ya deja de llorar, yo le he enseñado a ser macho y esté donde esté debe
estar bien. Ve a traer leche para nuestro invitado— le dijo y la taciturna (melancólica)
señito salió.
—
Su esposa no lo está pasando bien. Dígame, ¿de verdad no quiere saber nada de
su hijo?
—
Pues al inicio no, ahora que veo a mi esposa mal quisiera ubicarlo, ella llora
a cada instante. Pero le va a caer una buena paliza, ya me enteré que a tu
compañero Toño le cayó una.
Al
oír la palabra paliza no titubeó en su plan.
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