CAPÍTULO 13
LA TRAMPA
(Toño)
L
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A PENA POR PASTOR HA CEGADO a Beto.
Cuando presionó mi brazo lo zafé con fuerza, él se puso frente a mí y tenía la
mano empuñada como si quisiera golpearme.
—
Tienes idea de cuánto quería a mi mascota, por qué, por qué maldito miserable — me reprochó y me mandó un golpe que me tumbó al
suelo.
Mis
compañeros me fumigan (matan) con su mirada, el golpe provocó que mi nariz
sangre. Me pongo de pie y no le digo nada, dejo que se desahogue. Me da otro
golpe y otro más.
—
Eras mi hermano, qué te hizo ese animalito, dime qué, ¿cómo pudiste olvidar
cuando él salvó tu vida?
Tenía
toda la razón, por un momento me sentí una mierda
por haber hecho eso (ya les conté como Pastor me salvó la vida), y para no
caer en sentimentalismos recuerdo las palabras de Casimiro quien me dijo: “Las
mascotas son mascotas y si muere una te compras otra o la adoptas y está
solucionado el asunto”.
Preferí
pensar en eso mientras recibo otro golpe. Increíblemente mis compañeros lo
animan a que me golpee todo lo que pueda. Lucecita se ausentó por unos segundos
para ver que el director no venga para evitarle problemas. No la llamaré mema
(tonta) aunque sí lo es, bueno ya lo hice es que a ella la quiero y no deseo
llamarla negativamente. En fin, decía que era mema porque no tiene ni idea de
la trampa en la que ha caído su adorado Beto.
Ayer
por la tarde urdí (tramé) con Casimiro otro plan y ya está funcionando. Si nos
deshicimos de Pastor era para que Beto sumido en la pena no pueda estudiar y yo
le saque ventaja en la preparación para el examen de la beca. Al parecer ya no
será necesario porque bien claro nos advirtió el director la otra vez que no
toleraría ningún acto de indisciplina y el hecho de golpearme le costará caro.
Por eso no me defendí.
La
tarde pasada después que Beto y Lucecita me hicieron la pregunta sobre la
moneda estuve cabalgando y llegué a la casa de Casimiro, al verme con mi cara
de pocos amigos le conté mi negligencia (descuido) y de cómo Lucecita y Beto
creían que era el asesino de Pastor. Casimiro sí que me gana en ideas y maldad,
a él se le ocurrió esta trampa para sacarlo de una vez por todas del camino de
la beca a Beto. También era su forma de vengarse porque me contó cómo lo golpeó
cuando él estuvo en su casa hace poco. Al inicio no me pareció una buena idea.
—
Anímate es la trampa perfecta.
—
Tienes razón, pero para eso también tengo la solución—da una sonrisa malévola.
Era
increíble cómo podía urdir ideas tan malévolas en un instante. La trampa
consistía en faltar a clases por un día (así lo hice y eso era para
impacientarlo más). El segundo paso era ignorarlo, pues era obvio que me
buscaría y el hecho de no hacerle caso lo irritaría. Casimiro se encargó de
divulgar el chisme de la moneda por eso me victimicé. El siguiente paso era
decir que yo maté a Pastor, pero en son de víctima.
—
Al oír tu confesión, Beto no dudará en pegarte— presagió Casimiro y no se
equivocó.
—
Y qué tal si los profesores vienen a mitad del plan.
—
No porque ellos estarán entretenidos en la dirección realizando un compartir no
solo por el cumpleaños de la profesora de Matemáticas sino por su primer
embarazo. Para eso debes alejarte al patio del fondo, allí Beto te buscará y
será difícil que el director y los profesores escuchen. Bien sabes que cuando
ellos celebran lo hacen por un buen tiempo.
—
Pero no se supone que la idea es que el director vea que ha incumplido la regla
de no cometer ninguna indisciplina.
—
Claro que lo verá y tendrá que expulsarlo, tú no debes defenderte, dejarás que
te pegue— me indicó.
— No exageres tal vez me rompa la nariz.
—
Tú no eres tonto sabrás esquivar un golpe comprometedor. Pero eso sí a él no lo
toques porque eso arruinaría todo. Cuando el director vea que eres una víctima
todo estará perdido para él.
Hasta
allí el plan estaba saliendo a la perfección. Casimiro pensó en otro detalle y
fue ese detalle por el que acepté su plan, pues hasta el momento estoy quedando
como el malo de la película ante los ojos de Lucecita al confesar que maté a
Pastor. Casimiro también había pensado en cómo limpiar mi imagen.
Tengo
el rostro maltratado y me duele mi costilla a raíz del último golpe de Beto.
—
¡Basta!, ¡basta! — interviene Casimiro y detiene a Beto.
—
No te metas porque también te reviento la cara— le advirtió mi eufórico
“amigo”.
— Acaso olvidaron lo que dijo el director,
déjense de tonterías, ustedes no pueden decepcionar a nuestro distrito. Si el director
los ve peleando les quitará la opción de la beca. — nos recordó con cinismo
Casimiro y mis compañeros lo apoyaron.
—
Hasta que dices algo sensato Casimirito— le bromea un alumno de Primero de Secundaria.
Casimiro
a propósito se acomoda sus zapatillas, eran igualitas a las mías (no sé de
dónde las sacó, él me dijo que se encargaría de conseguir un par igualito y lo
hizo). Beto se percata del parecido de sus zapatillas con las mías y las mira
con atención junto con Lucecita.
—
Mira las zapatillas de Casimiro— le pido a Beto.
—
Son iguales a las mías— le aclaro.
—
Por favor las mías son de marca y las tuyas son una barata imitación.
Beto
se acerca para ver de cerca las zapatillas de Casimiro y eran las mismas, luego
observa las mías y las compara.
—
También pudiste ser tú— lo acusa.
—
Beto, ven vámonos— se lo quiere llevar Lucecita al ver su mirada de rabia.
Él
no la escucha.
—
Fuiste tú el asesino. Qué ciego he sido—
musita Beto.
—
Espero estés más tranquilo luego de esta paliza— le digo a mi “amigo” mientras
me limpio la sangre de mis labios—. Si dije que fui yo quien mató a Pastor era
porque me indigné que tú mi mejor amigo dudes de mí y me creas capaz de algo
tan abominable (detestable). La verdad es que la moneda la perdí en la casa de
Casimiro.
Al
oír esta nueva confesión Beto queda confundido.
—
El viernes después de las clases de reforzamiento pasé por la casa de Casimiro el
motivo no importa ahora el hecho es que allí perdí mi moneda. Seguramente él
dejó la moneda en tu establo para culparme. Mira sus zapatillas son iguales a
las mías. Él es el miserable que mató a nuestro querido Pastor— me defiendo e
intento convencer a Beto que el culpable es Casimiro.
Beto se
queda pensativo por un momento, todos siguen escuchando con atención.
—
Él no pudo ser porque lo vieron en el pueblo y estuvo con el veterinario cuando
pasó aquel acto execrable (detestable)— aunque no quería lo defendió porque era
verdad.
Allí
intervino un compañero de pelo muy crecido, era de esas personas que por plata
harían cualquier cosa. Casimiro lo preparó muy bien y obviamente le pagó una
buena cantidad para que time (mienta o engañe) a Beto.
—
Yo fui a la casa de Casimiro muy temprano el sábado y vi que le entregaba sus zapatillas
y una moneda a uno de sus peones. No logré escuchar bien, pero dijo algo así
como: “Si fallas haré que te despidan” — se acerca más a Casimiro para
encararlo—. Tú mandaste a matar a Pastor si bien ese perro una vez casi me
muerde no merecía morir envenenado. ¡Eres un miserable! — lo acusa con
convicción.
Lucecita
al oír la acusación de Emilio frunce el ceño porque sabía perfectamente que él
también odiaba a Pastor porque una vez entró a la chacra de Beto a robarse maíz
y casi lo muerde. La familia de Emilio era la más humilde de la zona, tenían
pocas tierras y sus padres eran amantes del licor y en eso gastaban el poco
dinero que tenían. Por eso cuando Casimiro le ofreció una buena suma de dinero
no lo dudó. Quería vengarse de Pastor y esa fue su oportunidad.
—
Emilio, ¿estás seguro de eso? — le inquiere Lucecita.
—
Si aquí hay un culpable es Casimiro, él siempre odió a Pastor y todos sabemos
que le cae mal Beto y que siempre ha querido vengarse desde aquella humillación
en la formación.
|
Beto
lo encara y le exige a Casimiro para que confiese la verdad. Él niega la
acusación de Emilio y como argumento usa que el sábado después de traer al
veterinario a su casa allí permaneció preocupado por la salud de la yegua de su
mamá y que Emilio es un mentiroso.
—
De cuando acá te importa un animal, no te la pasas diciendo que odias el campo
y que al próximo año te irás a la ciudad a seguir estudiando porque tu familia
es pudiente (adinerada). — le reprocha Emilio—.
No puedes negar que fui a tu casa.
—¿Fue
a tu casa Emili0? — le pregunta Lucecita.
—
Sí vino y es un mal agradecido.
Casimiro
lo decía porque Emilio solía venir a su casa para apoyar en una que otra cosa y
así ganarse unas monedas.
—
Emilio, dime por favor, ¿estás seguro de lo que escuchaste cuando dices que
Casimiro ordenó que maten a Pastor? — le preguntó Beto.
—
Sí. Solo un ser miserable como él no tiene compasión con una mascota.
Beto
no aguanta más y vuelve a exigirle a Casimiro para que confiese la verdad.
—
Qué tanto lío haces por un perro ni que fuera una persona— le reprocha Casimiro
para provocarlo.
— Eres un miserable. Cómo puedes pensar de esa
forma tan abyecta (vil). ¿Es cierto que encontraste la moneda de Toño el
viernes por la tarde?
Casimiro
guarda silencio por unos segundos.
—
Sí, Toño vino a mi casa, pero Emilio miente— disimula en agredirlo— está inventando
todo porque el capataz de mi hacienda lo despidió por ser muy haragán (flojo).
—
Beto si gustas puedo llevarte con el peón que recibió la orden de Casimiro— le
dice con mucha seguridad.
Mis
compañeros le creen a Emilio y lo apoyan, algunos lanzan improperios (insultos)
contra Casimiro.
—
Supongo que ya te quedó claro que yo no tuve nada que ver con la muerte de
Pastor, eres como mi hermano. No te juzgo por estos golpes— me toco mi
adolorida costilla—, sino todo lo contrario, te comprendo porque sé cuánto
amabas a Pastor y yo también lo echo de menos— le hago creer en un tono
lloroso.
El
muy sandio (imbécil) de Beto me mira y se siente apenado, observa a Lucecita y
ella baja la cabeza. Todo estaba saliendo a la perfección. Casimiro esperaba
que lo golpeen, pero Beto solo siente remordimiento al verme golpeado y sangrando.
Casimiro
lo provoca y logra su objetivo.
—
En el pueblo muchos odiaban a tu perro porque dicen que su raza es de lo peor.
En vez de pensar en ese animal deberías concentrarte en la beca y no un
estúpido perro que ya está muerto. Lo bueno es que ya no asustará a la gente y
en cierta forma me alegra que esté muerto así ya no dejará su pelo en colegio.
Esas
palabras irritaron a mi “amigo”. Ahora reparte golpes en el supuesto culpable.
“Pégale, pégale”, le gritan mis compañeros. Emilio me mira y le doy la señal
para que prosiga con el siguiente paso del plan. Disimuladamente se aparta del
alboroto y va rumbo a la dirección para comunicarle al director el descontrol
de Beto. Lo veo marcharse y disimulo intentando detener a Beto.
Todo
está perdido para el honorable Alberto Romero Ramírez a quien consideran un
alumno ejemplar y el mejor candidato para obtener la beca. Emilio acusará a
Beto ante el director, él vendrá y verá cómo ha golpeado a Casimiro y también a
mí. No hay forma para evitar su expulsión. Esa beca ya es mía, ja ja..
¿Perderá
Beto la beca?
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